PATINAR EN COMPETICIÓN

 

 

Cuando apuntamos a nuestro hijo o hija a una actividad, es parte de nuestro quehacer como padres. Judo, patinaje, guitarra… qué más da, lo que le guste.

Son actividades que sirven para complementar su educación, ocupan su tiempo después del cole y además “llegan cansados” a casa (chascarrillo que me entendéis, seguro…)

En esta ocasión, por la circunstancia que sea, hemos acabado en la escuela de patinaje. Hacemos nuestros trámites administrativos, solicitamos la plaza. Se lo contamos a la abuela, a la vecina: “Le hemos apuntado a patinar…” “le gusta mucho, que pruebe…”, nada especial que se salga de la norma.

El primer día, ilusionad@ va a hacer la prueba de nivel. No hay mucha diferencia entre unos y otros. Los que no saben nada de nada a un grupo, los que no se caen a otro y así…

Empezamos a patinar en la escuela. Pasan los días y en ningún momento nos hemos planteado nada más allá que llevar al peque o a la peque a patinar y recogerles a tiempo para continuar con los quehaceres, deberes, baños, cenas…

Pero un día, se nos acerca una entrenadora. Parece que es la jefa del cotarro. Melena rubia y abundante. Nos cuenta la posibilidad de ingresar en el Club. ¿Club? ¿de qué? ¿patinaje? Se nos queda la cara un poco de “no sé qué dice”. Si un día nuestro niño o niña estuviera jugando al futbol en un equipo de barrio y se nos acercara un señor para decirnos que el niño tiene cualidades y podría jugar en el Rayo, el Atleti o el Madrid, lo entenderíamos perfectamente, pero… ¿club? ¿patinaje?

Volvemos a casa con la noticia y se lo comentamos a nuestra pareja, “mira lo que me dicen en el patinaje…” y así, sin darnos cuenta y casi sin saber dónde nos metemos, comenzamos en UP Rivas.

En apariencia, todo sigue igual, bueno no, entrena otro día más. Ya todos los niños y niñas patinan y mi peque anda en ese grupo.

De repente…examen. ¿examen? ¿de qué? Si, si, ¡¡examen de nivel!! ¿Ah, pero aquí hay exámenes también?

Pues sí. Aquí también hay exámenes. A medida que nuestro peque va poco a poco aprendiendo no solo a no caerse sino también a saltar y a hacer otras lindezas con los patines, se van examinando.

Estos exámenes que vienen a ser algo similar a los cinturones de judo o karate, son los que van a ir marcando el nivel técnico de nuestros pequeños.

Cuando supere todos esos “cinturones”, nuestro gran deportista estará habilitado para competición nacional. Previamente habrá ido a trofeos y pruebas para ir practicando.

¿Competición nacional? Efectivamente nuestro pequeño es todo un crak del patinaje y ya puede medirse a nivel nacional con otros compis como él o ella. Para ello, antes hay que superar algunas pruebas dentro de tu propia comunidad, pero ya somos de nivel nacional.

Pasarán los años e irán adquiriendo técnica, fuerza y maestría con los patines. Competiremos, ganaremos, perderemos, nos esforzaremos y entrenaremos, entrenaremos, entrenaremos.

¡¡Algunos podrán incluso competir a nivel internacional, muy chulo!!

Pero hay algo que no debemos olvidar desde el mismo inicio de nuestro peque en este mundo del patinaje:

El arte.

Nuestros pequeños entrenan y aprenden técnica, entrenan su preparación física y dedican mucho tiempo a ello. Pero en realidad, un patinador es UN ARTISTA.

Desde dentro, toda su actividad debe tener como objetivo actuar para su público, como lo hace un actor, un bailarín… ¿o acaso un patinador no actúa?, ¿no representa?, ¿no baila?, ¿no expresa?

No se han dado cuenta ustedes que hay ocasiones cuando vamos a ver a nuestros pequeños en exhibiciones o trofeos, que alguien en la pista, ¿nos ha encantado? Su expresión, su delicadeza, su fuerza, su continuidad en los movimientos y en la forma de expresarse.

Si al niño o a la niña la hubiéramos apuntado a una academia de actores o de baile, nos hubiera sido más fácil asimilar o interpretar que nuestro hijo debe actuar, debe ser artista. Con el patinaje artístico pasa lo mismo. Nuestros hijos son artistas y bailarines… pero además con patines.

Los primeros que deben sentir eso son ellos. La ingratitud de la competición cuando pierdes o no alcanzas los éxitos que esperabas, deben compensarse con tu intención de hacer bien las cosas. Demostrar al público que asiste que no sólo vas a pegar saltos y que durante tu actuación no vas a estar preocupada por tal o cual figura que no te sale.

Si tu disco es bonito, expresas, sonríes, en definitiva, conectas con tu arte y se lo muestras al público, lo menos importante será si te ha salido bien o no el Axel, sino que tu arte y espectáculo será reconocido por quien te observamos.

Ganar es bonito, competir es duro, pero regalar arte es un privilegio.

¡!!Ánimo a todos mis artistas!!!